martes, agosto 14, 2012

Una diplomacia marginal y dependiente


VICTOR RODRÍGUEZ C.

La diplomacia chavista se une otra vez al grupo marginal de gobiernos no precisamente caracterizados por su apego al orden jurídico internacional. Esos gobiernos, forajidos para muchos, ignoran los verdaderos intereses de los pueblos, en nombre de los cuales pretenden mostrarse como salvadores. En el caso de la guerra civil de Siria esos gobiernos se cuadran con el régimen criminal de Bashar al Assad que ataca violenta y sistemáticamente a la disidencia y a la población civil que legítimamente exige cambios y respeto de sus derechos.

La guerra civil en Siria es alarmante, en palabras de Kofi Annan, ex enviado especial de las Naciones Unidas y de la Liga Árabe. Annan señaló: "Las implicaciones de esa situación serían bastante aterradoras.

No podemos permitir que suceda". Lo que pasa en Siria no es una cuestión interna simple; es una situación que interesa a todos y por ello el Consejo de Seguridad tiene la responsabilidad primordial de actuar para resolverla. Lamentablemente, el Consejo de Seguridad no ha podido adoptar una decisión para solucionar la crisis, debido a las posiciones de China y Rusia, lo que es vergonzoso, en palabras del representante de Francia ante la ONU.

En su defecto, la Asamblea General, actuando en ejercicio de las atribuciones que le otorga la Carta de la ONU, adoptó una resolución impulsada por el Grupo de Países Árabes, el pasado 3 de agosto, por 133 votos contra 12 (Venezuela, Irán, China, Rusia, Cuba, Ecuador, Bolivia, entre otros) y alrededor de 30 abstenciones, mediante la cual condena la violencia del régimen de Al Assad en contra de los civiles; el uso de armas pesadas, en particular los bombardeos indiscriminados con tanques y helicópteros y pide garantías al régimen para que permita el acceso inmediato del personal humanitario en todas las zonas que necesiten asistencia, a la vez que expresa su preocupación por el eventual uso de armas químicas y biológicas contra la población. Era de esperarse que el Consejo de Seguridad y la comunidad internacional se pronunciaran con una sola voz, fuerte y unida, para salvar vidas humanas, como lo exigió el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, pero no ha sido así y la crisis continúa, con la participación de radicales con intereses perversos, que lejos de contribuir a su solución, la agravan.

Estados Unidos, la Unión Europea y otros países, incluidos algunos árabes del golfo, constituyen el grupo de "amigos de Siria" y exigen la salida de Al Assad y un diálogo franco entre las partes, única vía para resolver la crisis y restaurar el orden. Por el contrario, promocionado por Irán, algunas repúblicas ex soviéticas, unos pocos países musulmanes y algunos inadaptados integrantes del ALBA, Venezuela entre ellos, se crea un grupo paralelo de "verdaderos amigos" que rechaza la salida de Al Assad al argumentar que cualquier solución distinta significaría una "intervención foránea".

El grupo de "verdaderos amigos" de Al Assad, no de Siria, acusa a Occidente de "intervenir" en Siria, que estaría brindando ayuda al ejército revolucionario sirio; aunque su apoyo militar y económico en favor del régimen sirio es evidente, con la presencia de guardias de la revolución iraní, detenidos por los rebeldes sirios en días pasados y el envío de combustible por parte de Venezuela, en violación de las resoluciones internacionales.

Estamos ante un conflicto grave que exige una reflexión seria y responsable. Mientras la mayoría se expresa en favor de la paz y del respeto de los derechos humanos, el régimen bolivariano se une otra vez al grupo de países que desprecia los principios en nombre de "postulados revolucionarios" que no son más que argumentos para el disfrute permanente del poder. El régimen chavista apoya la dictadura de Siria sin importarle los derechos del pueblo. Una vez más recurre a frases prefabricadas del siglo pasado que vinculan las acciones en favor de la paz, a la supuesta "invasión de un país soberano". Lo cierto es que el régimen de Al Assad es absolutamente indefendible.

Su tiempo pasó. Su retiro del poder debe darse cuanto antes, para la transición y la paz.

La política exterior del régimen chavista se aleja de la mayoría. Es simplemente marginal, lo que genera crítica y un mayor aislamiento. Pero, además, esa política arrogante y torpe ha dejado de ser autónoma. Elaborada vergonzosamente en La Habana, no responde más a los intereses nacionales. Los principios que han sostenido la diplomacia venezolana por décadas, compartidos por la comunidad internacional, son pisoteados por un régimen decadente que afortunadamente finalizará el próximo 7 de octubre.

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